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El verdadero dueño de la Academia Militarizada Doenitz…

Por: Rosa Elena González El Día Domingo 02 de Agosto del 2026 a las 23:54

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Luego de lo sucedido con la joven Dafne, quien lamentablemente perdió la vida durante un campamento de verano en la Academia Militarizada Marina Doenitz y del manejo que se le dio al asunto desde el inicio, surgen muchas dudas. La ciudadanía, que ha estado pendiente del desarrollo de los hechos, las audiencias, las declaraciones y las detenciones, se pregunta: ¿quién es realmente el dueño de esa “institución educativa”?

La duda surge porque quien aparece como director ni siquiera parece ser una persona con la suficiente solvencia económica o capacidad de gestión para ser propietario de una escuela como esa, pues lo que cobran por cada alumno no es cualquier cosa.

El hombre detenido y sujeto a proceso por el caso Dafne, Luis Ponce, tiene más facha de malviviente que de dueño de una escuela que cobra como uno de los colegios más caros de la región.

Además, ¿cómo podía un personaje como él lograr todos los permisos para la instalación de una escuela que se ostentó como militarizada sin ser siquiera soldado o haber estudiado en una escuela naval? Más aún, ¿cómo se logró que nadie lo supervisara o sancionara por usurpar cargos militares o de la Marina que nunca tuvo?

Aparte, utilizar insignias, uniformes o grados militares sin autorización de las Fuerzas Armadas constituye un delito federal en México. Así lo manifestó el secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo. Sin embargo, los encargados de la Academia Doenitz los ostentaban incluso para fotografiarse con personajes encumbrados de la política.

Otra situación, y que conocen muy bien los dueños de colegios particulares, es que para lograr la autorización de funcionamiento como institución educativa se requieren muchos trámites que no son sencillos ni baratos. En algunos casos, casi siempre, se necesita tener conocidos encumbrados en la política o suficiente dinero para instalar un centro educativo.

Lo que también llama la atención es que los mismos jóvenes, en videos que subieron a redes sociales después de lo sucedido con Dafne, manifestaron que les ponían himnos alemanes. No solo bastaba con que la escuela llevara el nombre de Doenitz, uno de los incondicionales de Adolfo Hitler; también, aseguran, les hablaban de la disciplina nazi.

Pero lo que más dudas deja sobre quién o quiénes son los verdaderos dueños de la Academia Doenitz es el trato que, a juicio de muchos, recibieron Ponce y Estrella por parte de las autoridades judiciales. Que su audiencia fuera vía Zoom y que no se permitieran declaraciones sobre el caso dejó la impresión de que algún personaje poderoso pudiera estar brindándoles respaldo.

¿A nombre de quién están todos los permisos para el funcionamiento de la Academia? ¿A nombre de quién están las cuentas bancarias donde se depositaban las colegiaturas? ¿Quién es el propietario del edificio donde funcionaba la llamada escuela de la muerte? Se insiste: con todo y lo cuestionable que pueda ser Luis Ponce, no parece tener el perfil de un hombre acaudalado o con suficiente poder político. Él solo aparece como director. Entonces, ¿quién es el verdadero dueño de Doenitz?

Sea quien sea, también tendría una enorme responsabilidad por todo lo que, presuntamente, vivieron los jóvenes en esa escuela, donde, de acuerdo con videos que circulan en redes sociales, más que disciplina parecía enseñarse la violencia entre los propios alumnos.

En fin, el lamentable caso en el que una jovencita perdió la vida en una escuela que se ostentaba como militarizada dejó al descubierto muchas cosas. De entrada, la forma en que operaban este tipo de instituciones, quiénes les otorgaban permisos y claves para funcionar sin siquiera constatar el nivel de estudios o la preparación de quienes fungían como instructores o maestros.

Más que un centro educativo, de acuerdo con los testimonios difundidos por varios jóvenes en redes sociales, donde relatan presuntos maltratos, humillaciones, abusos y torturas, aquello parecía un centro de reclusión, un lugar de muerte y vejaciones. Y, pese a llevar tantos años funcionando, nadie se percató de lo que ahí sucedía.

¿Sería por miedo? ¿Porque estaban amenazados? Quién sabe. Pero algo no se ve bien en esa “escuela” donde muchos padres confiaron a sus hijos, incluso desde muy pequeños, bajo la idea de que una formación militarizada ayudaría a corregir conductas.

¿Pero qué tendrían que corregirles a niños de primaria? Nada. Los pequeños necesitan buena educación, acompañamiento, atención y, si es necesario, apoyo psicológico, no entrenamiento basado en resistencia extrema o disciplina militar.

Más allá de cómo se está manejando judicial y mediáticamente el caso de Dafne, y donde se espera que la justicia sea implacable con los verdaderos responsables, porque la vida de una jovencita, casi una niña, no debe quedar impune ni reducirse a indemnizaciones o monetizaciones, sigue vigente una pregunta que hasta hoy no tiene respuesta:

¿Quién es realmente el dueño de la Academia Militarizada Doenitz?

Rosa Elena González

Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias, El Bravo de Matamoros y Canal 10

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